El guardián eterno del Santuario, el Wayna Picchu ("Montaña Joven" en Quechua) se yergue imponente dominando la ciudadela Inca. Subir hasta su cumbre es otra experiencia inolvidable. En el trayecto y en la cima se aprecian recintos sagrados y admirables terrazas construidas sobre el precipicio.
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